El destornillador sónico

…………………Un blog personal multifunción

La empresa del futuro 26 noviembre 2009

Filed under: opinión,Seguros — Toctopulus @ 10:13

Leo vía menéame una historia que me acaba de alegrar la mañana. Se trata de la existencia de un empresario brasileño llamado Ricardo Semler que por lo visto heredó la empresa de su padre y en vez de aplicar la política empresarial estándar, cogió lo mejor de varios modelos de gestión empresarial y creó SEMCO, la “empresa democrática”.

Entre otros, los cambios que aplicó fueron, cito a Rodríguez Barreiro:

Eliminación de los aparcamientos y comedores para ejecutivos. Como símbolo de la democracia, eliminó estas prebendas, el primero en llegar aparca donde quiere.

Eliminación de tabiques, para que las personas y los departamentos se relacionen más.

También se estableció un “salario de riesgo”, al que se acogieron casi una tercera parte de los empleados, y que consiste en tener un 25% del sueldo hacia arriba o hacia abajo, dependiendo de cómo le vaya a la empresa. Si la empresa tiene un año bueno, el trabajador cobra el 125% de su sueldo, pero si es malo, cobra el 75%. De esta manera se premia a quien quiere correr el riesgo con la empresa, y además permite que los costes laborales vayan en relación a los resultados de la empresa.

Evaluación inversa: antes de que alguien sea ascendido o contratado para un puesto de mando, es entrevistado y evaluado por todos los que van a trabajar a sus órdenes. Además, cada seis meses se somete a la evaluación de las personas a quienes supervisa, de forma anónima. Las calificaciones se exponen públicamente.

Organización: no existe o no se usa el organigrama, se aplanó la estructura a sólo cuatro niveles, y se organizó en forma de círculos concéntricos, en vez de la tradicional forma piramidal.

Participación en beneficios: Se negoció para todos los trabajadores, alcanzando un inusual 23% del beneficio de la empresa.

Permiso por “hepatitis”: cada año o dos años, se permite abandonar a un trabajador sus obligaciones habituales durante unas semanas o incluso algunos meses, para aprender nuevas habilidades, recargar pilas… El programa surgió porque algunos responsables decían que no tenían tiempo para pensar, y entonces se les sugirió que pensasen que pasaría si contrajesen hepatitis y tuviesen que estar un par de meses fuera de la empresa.

Preferencia para los de casa: cuando hay un puesto vacante, los empleados de Semco tienen preferencia si alcanzan al menos un 70% de los requisitos.

La autogestión creada por Ricardo Semler le llevó a que los empleados pudiesen definir su horario (que pongan sus ocho horas como quieran), e incluso su sueldo (y aunque parezca mentira, no hubo muchos casos en los que alguien pidiese algo disparatado, y sí los hubo de los que se “quedaron cortos”).

Se reconoce la genialidad en lo sencillo de sus planteamientos. Se pasa de considerar al trabajador como un enemigo al que controlar dentro de la empresa para evitar que tome medidas improductivas, a incorporarlo dentro de la misma como MIEMBRO DE UN EQUIPO. Que eso, a fin de cuentas, es lo que es una empresa.

Ricardo Semler: Visionario o futuro arruinado ¿ambas?

Lo triste de esta historia es que es vieja, y como he leído por ahí, “muchos le miran pero pocos le imitan”. Personalmente considero que ésta es la empresa del futuro. Por ahora, los datos le avalan. Para empezar la empresa no ha quebrado, que no es poco, y se ha convertido en el Google de Brasil: la empresa donde todos queremos trabajar.

Tampoco creo que el suyo sea un modelo universal que se pueda aplicar a todas las empresas -cada una es un mundo- pero sí que es una filosofía que recupera a la persona como valor y que puede mejorar muy mucho la productividad de un país tan necesitado como este. Mientras sigamos considerando al jefe como el enemigo y al empleado como amenaza, no levantaremos cabeza. Aunque la crisis pase.

Y para finalizar, una pregunta ¿Os gustaría que se aplicase esta filosofía en vuestro puesto de trabajo?

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Via | Menéame

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Trenes de carretera: el futuro se acerca a kilómetros por hora. 12 noviembre 2009

Filed under: Conceptos,Seguros — Toctopulus @ 12:22

Leo vía El Blog verde una interesante iniciativa de la Unión Europea. Se trataría de un sistema de comunicación entre vehículos que permitiera formar un convoy dirigido por un camión o “coche guía” que cubriera trayectos muy transitados y al que los conductores pudieran escoger unirse. A través de señales inalámbricas se pediría el acceso al “gusano”, como me gusta pensarlo a mí, y el control de tu vehículo pasaría al conductor experimentado que va en el primer coche, de tal forma que puedas hacer otras cosas como leer o pensar en cuantas posibilidades tienes de morir yendo así en la carretera.

Los conductores veteranos y habituales solemos tener la mala manía de increpar al conductor cuando nos toca ir de copilotos. Cada cual tiene una forma de conducir y nunca es la misma que la del que conduce, por lo que me imagino a la gente que va en los “vagones” analizando todas y cada una de las maniobras del coche guía: que si va lento, que si va rápido, que si frena mucho, que si adelanta, que si no adelanta… En fin, será divertido verlo cuando ocurra.

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Como agente de seguros -llamadlo deformación profesional- una de las primeras cosas que me ha venido a la mente ha sido cómo se dividirá la responsabilidad entre los coches. Si mi coche golpea a otro cuando lo conduce el guía, ¿quién indemniza a ese coche? ¿quién me paga mi reparación? Mi seguro cubrirá los accidentes provocados cuando el que conducía era… otro coche?

A día de hoy, los coches ya se aparcan solos, lo que constituía uno de las mayores pesadillas en la autoescuela. Es cuestión de tiempo que algo tan mecánico como circular, lo hagan las máquinas. Ese día es probable que hayan menos accidentes y que la conducción sea más eficiente y económica. La parte negativa:los pantallazos azules serán más de “la muerte” que nunca. Morir por un cuelgue informático: eficiente y patético.

Nos leemos

 

El arte abstracto en los partes de accidente 21 octubre 2009

Filed under: Seguros — Toctopulus @ 12:20

Parte de Accidente: ese gran desconocido

Si sois como yo y apenas sabéis dibujar un mal monigote, he encontrado por la red un recurso interesante para rellenar partes de accidente.

A priori, se me ocurre que no será muy útil en un parte amistoso cuando estamos tirados en medio de la carretera, pero si vuestra compañía os pide que aclaréis el cuadro de Miró que habéis realizado cuando os dio por dibujar utilizando como soporte el capó de vuestro vehículo y con los coches circulando alrededor vuestro, pues es una herramienta muy cuca para ocultar que de haber tenido un estudio de arte no lo habríais hecho mucho mejor.

captura de la aplicación

Se trata de una aplicación online y es español bastante bien diseñada que os ayuda a completar un croquis de accidente sin que os falte ningún detalle: nombre de la calle, matrícula de los vehículos ¡incluso el color de los mismos!

El día que todos los coches lleven un ordenador y una impresora a color portátil de serie, este programa será i-m-p-r-e-s-c-i-n-d-i-b-l-e.

Un saludo a todos!

web | DibujarCroquisAccidente

 

El mundo comercial o por qué los españoles descendemos de los espartanos 2 octubre 2009

Filed under: opinión,Seguros — Toctopulus @ 09:36

A raíz de una conversación que tuve hace poco con Gamizcorp he llegado a la antipopular conclusión de que la mala calidad en la atención de venta que tenemos en este país se debe, sobretodo, a los clientes.

Y no lo digo como comercial. Lo digo como cliente. Puede que esta reflexión me haya venido por trabajar en el lado oscuro y leer demasiado Al otro lado del mostrador, pero es que cuanto más lo pienso más convencido estoy de que la mejor forma de mejorar el servicio es educar al cliente.

Por ejemplo, cuando trabajaba de vendedor de retail de telefonía movil -vendedor en un Phone House- me encontraba con muchos clientes mal agradecidos y mal desagradecidos. Quiero decir que había gente que te encumbraba por hacer simplemente tu trabajo y otros que se cabreaban porque no hicieras lo que NO te pertenecía. Me explico. ¿cómo os quedaríais vosotros si alguien se extrañara de que se le diga buenos días? Si el servicio es bueno, deberíamos tomarlo como algo normal y no como una excepción. Estamos tan acostumbrados a que nos vapuleen en los comercios, a que no haya un mínimo de atención al público que cuando por fin nos dan buen servicio nos asombramos. Eso dice mucho de nosotros. He tenido compañeros a los que los clientes les han hecho regalos por darles un buen servicio, lo que no está mal si no fuera indicador de que un buen servicio es algo tan excepcional que hemos de subrayarlo con un presente. ¡Al final el cliente se pone a fidelizar al vendedor! El mundo al revés. No me quejo de los regalos ni de la gratitud, por supuesto. Mi queja va porque tanto eso como la gente del otro extremo son constancias de nuestra ineptitud como compradores. Pero a los que hay que meter mano son los del otro lado, la gente que no recibe un buen servicio y no sabe manejar esa situación. Porque para cambiar algo, hay que hacerlo desde abajo, desde peor a mejor.

La queja es una herramienta para mejorar el servicio. A desahogarte vete al baño.

Recuerdo muy mucho las broncas periódicas que tenía en ese trabajo sobre clientes que reclamaban en el distribuidor -la tienda- responsabilidades que pertenecen al fabricante. “Este móvil va mal, te lo compré a tí y quiero que tú lo repares”. Con dos cojones. Media hora convenciéndole de que tú eras un simple mensajero y que de la misma forma que hiciste posible el tránsito frabricante-cliente, ahora lo más que puedes hacer es invertir la dirección del proceso. Se supone que nadie mata al mensajero (menos Leónidas) pero el cliente no opina lo mismo. Y lo grave, lo más grave, es que ahí se queda la cosa. El cliente despotrica para convencerte inútilmente de que tiene razón, y digo inútilmente porque tú sabes que tiene razón pero que le está gritando a la farola equivocada, y luego se va a su casa. Toda esa energía se gastaba en la tienda y ni siquiera para poner una hoja de reclamaciones, que parece que le tenemos alergia al boli, menos aún para ir a consumo. Mejor un buen grito. Sí señor.

Claro está, el grito no llega a las altas esferas, se queda en el anecdotario de después de cerrar de los compañeros o como coletilla en alguna cerveza (o artículo en algún blog), de forma que el sistema no registra la incidencia y por tanto no se corrige el error. Y no quiero decir que los jefes de las tiendas no sepan lo que pasa, pero si no hay reclamación formal no hay caso. Y en el supuesto de que los haya, si son 100 incidencias y me reclaman 3 y de esos clientes sólo indemnizo a uno porque los demás eran chorradas de gente que no sabe lo que puede o no puede reclamar (en efecto señora, el hecho de que haya mucha cola no es motivo para una hoja de reclamaciones…) pues entonces al dueño de la empresa le sale más rentable no subsanar el defecto si ello le reporta beneficios. Y eso es lo que ocurre.

Imaginemos un país con leyes, pero sin denuncias. No serviría de nada. Ahora imaginemos un país con leyes, pero sin abogados y sin que los propios los ciudadanos las conocieran. En efecto, un país de risa. Pues eso es el comercio. Y estamos tan mal acostumbrados a que lo mediocre sea lo normal que empezamos a sobrevivir sin necesidad de servicio, con la consecuente devaluación del mismo. Y eso nos embrutece. Vamos al McDonald’s y poca gente se para a pensar que esta´ pagando 6 euracos por una minihamburguesa que no se parece en nada a la de la foto, por tener que hacer cola para recibir la comida fría, llevarla en bandeja de autoservicio a nuestra mesa y, cuando acabamos de comer, ¡tenemos que limpiar nuestra propia mesa! Y la gente se mata por ir, las colas son impresionantes en cualquier restaurante al que vayas y la empresa va de fábula. ¿cuándo fue la última vez que un acomodador os acompañó a sentaros en el cine? ¿y cuándo desde que os dieron dinero en un banco y no en un cajero automático? ¿Cuando os puso gasolina un trabajador de la estación y no vosotros mismos? El último que puso un negocio de este tipo pensando en los clientes -y gastándose la pasta en ello- está muriéndose de risa en la cola del paro.

La razón por la que nadie pone el grito en el cielo es evidente: dinero y tontos. O lo que es lo mismo, sacarle el dinero a los tontos. De muestra un botón: comercio online. Voy a comprarme un libro en una tienda y el precio marca, digamos, 20 euros. Miro en algún portal de libros y me cobran 20€ y tú piensas: “bueno, es el mismo precio y no tengo que ir a la tienda”. Atentos: Te están cobrando el mismo precio por el libro, pero el libro de la librería tú has podido ojearlo antes de comprarlo, comprobar su estado y pedir ayuda al librero si te surgía alguna duda. ¡Eso vale dinero! Pero cuando compramos online, como no somos conscientes del precio del servicio, admitimos que tenga el mismo precio pese a que no conlleva el mismo gasto al empresario. No pensamos en que deberían bajarle el precio que cuesta la atención al cliente. En cambio, si le falta una hoja, seguro que le reclamo al cartero. No sabemos comprar.

autor: Blumper

autor: Blumper

Y el colofón me lo reservo para mi gremio. Lo más divertido que se ha inventado son los seguros online o por teléfono. Trabajo en una empresa donde prima la atención al cliente en algo tan delicado como es la firma de un contrato de seguro y todos los días veo anuncios y conozco gente que lo realizó por teléfono. Y yo me pregunto, ¿contratarías tu hipoteca por teléfono?

Pues dentro de poco, la haremos por cajero automático. Dicho queda.